Desde un tiempo la agenda cultural en Chile se ha repletado de
conciertos y el anuncio de los artistas que asistirán a la segunda
versión de Loolapalooza en su versión sudamericana, es sólo la muestra de lo importante que es hoy nuestro país para los músicos extranjeros.
Y es que la música nos acompaña en todo momento. Mientras trabajamos,
mientras vamos en el auto o en la calle caminando, y para qué decir en
las fiestas, donde lo más importante es la música.
Ella nos conecta a niveles con los que ninguna otra obra de arte
puede hacerlo. La música en nuestras vidas nos transporta con
información que llega al mismo tiempo a múltiples niveles de nuestro
ser; varias notas y ritmos se mezclan logrando combinaciones únicas que
se graban en nosotros.
Mucho se ha hablado del “Efecto Mozart” y la importancia de la
estimulación temprana con música en los bebés incluso antes de nacer,
pero al mismo tiempo he visto cómo se han publicado estudios diciendo
que el efecto Mozart no existe.
Lo mismo pasa con el experimento de los cristales del agua de Masaru Emoto,
quien en un principio vio como ellos eran más perfectos al estar en una
habitación con música clásica que al estar en una con Rock, pero lo que
no se dice es que luego el experimento arrojó resultados opuestos
cuando en la pieza se encontraba una persona que gustaba más del Rock.
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